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Por qué el wifi de tu oficina va lento (y casi nunca es culpa del operador)

15 de septiembre de 20269 min de lectura

La secuencia es siempre la misma. El wifi va a tirones, alguien llama a la operadora, la operadora hace una prueba, dice que la línea llega perfecta y cuelga. Y tiene razón: la línea llega perfecta. Lo que pasa es que entre el router y el portátil de la sala del fondo hay un recorrido que a la operadora no le corresponde y que nadie ha mirado nunca. En el 90 % de los avisos de «internet va lento» que atendemos, la fibra está bien y el problema está dentro del local.

Primero: comprueba si el problema es la línea o el wifi

Antes de nada, hay que saber de qué estamos hablando. Es una prueba de dos minutos y evita discusiones:

  • Conecta un portátil al router POR CABLE y haz un test de velocidad. Eso es lo que te entrega la operadora.
  • Repite el mismo test por wifi, de pie al lado del router.
  • Repítelo otra vez en el sitio donde la gente se queja.

Si por cable va bien y al lado del router también, la línea está sana y el problema es de cobertura o de saturación: sigue leyendo. Si por cable ya va mal, ahí sí toca llamar a la operadora, y además con un dato en la mano en lugar de con una sensación.

Un aviso sobre los tests de velocidad: miden los megas, que casi nunca son el problema real en una oficina. Lo que hace que Teams se corte o que el programa de gestión se quede pensando es la latencia y la pérdida de paquetes, no los megas. Una oficina de diez personas funciona perfectamente con 300 megas bien repartidos y va fatal con 1.000 mal repartidos.

Causa 1: el canal está saturado (y en algunos sitios es un caos)

El wifi no es un cable invisible: es una radio, y todos los routers del edificio emiten en las mismas frecuencias. La banda de 2,4 GHz, que es la que más alcance tiene y por eso la que más se usa, solo tiene tres canales que no se pisen entre sí. Tres. En un edificio con veinte viviendas y locales a ambos lados, todos peleando por esos tres canales, el resultado es el que te imaginas.

Esto es especialmente sangrante en zonas muy densas. En Mislata, por ejemplo —que es el municipio más densamente poblado de España—, es raro el local donde no encontremos treinta redes vecinas compitiendo por el mismo espacio. Ahí no hay router de operadora que valga: hay que medir qué canales están más libres y fijarlos a mano, porque la selección automática de los routers domésticos es bastante mala y además cambia de canal sola en el peor momento.

La banda de 5 GHz tiene muchos más canales y suele estar mucho más despejada. La pega es que atraviesa peor las paredes, así que no vale con «pon todo en 5 GHz»: hay que decidir qué equipos van en cada banda según dónde estén.

Causa 2: repetidores encadenados

Es la solución casera por excelencia: el wifi no llega al fondo, se compra un repetidor. Sigue sin llegar del todo, se compra otro. Y otro.

El problema es cómo funciona un repetidor barato: usa la misma radio para escuchar al router y para hablar con tus dispositivos, así que cada salto reduce a la mitad la velocidad disponible. Dos repetidores encadenados dejan una cuarta parte. Y como cada uno añade su propio retardo, aparece justo el síntoma que la gente describe como «va a tirones»: no es que vaya lento de forma constante, es que se queda parado a ratos.

La solución de verdad es aburrida y funciona: llevar un cable de red hasta donde haga falta cobertura y poner ahí un punto de acceso. Un punto de acceso conectado por cable no divide nada, porque no tiene que retransmitir por radio lo que recibe por radio.

Causa 3: el router está donde cupo, no donde tenía que estar

Casi siempre el router está donde entró la fibra: en un rincón, dentro de un armario, detrás de la caja registradora o en el cuarto de la limpieza. Y las señales de radio no perdonan: un armario metálico, una pared de hormigón armado o un espejo grande hacen más daño a la cobertura que veinte metros de distancia al aire libre.

Cambiar el punto de acceso de sitio es la intervención más barata que existe y a veces resuelve el problema entero. Cuando no basta, lo que toca es un estudio de cobertura: medir el nivel de señal en cada zona del local y decidir cuántos puntos de acceso hacen falta y dónde van. No es magia, es un plano y un medidor.

Causa 4: una nave no es una oficina grande

En los polígonos de la zona —El Bovalar y Els Mollons en Alaquàs, Mas del Jutge en Torrent, Fuente del Jarro en Paterna— nos encontramos siempre lo mismo: un router doméstico intentando cubrir 2.000 metros cuadrados llenos de estanterías metálicas.

El metal refleja y bloquea la señal. Una estantería industrial cargada de palés es prácticamente una pared. Por eso en una nave la cobertura no se resuelve con potencia sino con número: varios puntos de acceso repartidos, todos conectados por cable, configurados con la misma red para que un terminal de almacén pueda cruzar la nave sin desconectarse.

Y hay un detalle que se pasa por alto y da muchos problemas: los dispositivos tienden a quedarse agarrados al punto de acceso al que se conectaron aunque ya estén lejos y haya otro mejor al lado. Un equipamiento decente sabe empujarlos al punto de acceso correcto; uno doméstico no. Es la diferencia entre que el lector de código funcione en todo el almacén o solo en la mitad.

Causa 5: todo el mundo en la misma red

Esta no es de velocidad, es de seguridad, pero se arregla en la misma visita y conviene decirla. En muchísimos locales el wifi que se da a los clientes es el mismo que usan la caja, el ordenador de gestión y las cámaras. Cualquiera que se conecte desde la calle está dentro de tu red.

Separar la red de invitados de la del negocio es cuestión de configurar bien el equipamiento y no cuesta prácticamente nada. Es, con diferencia, una de las mejoras con mejor relación entre lo que cuesta y lo que evita. Lo vemos con más detalle en seguridad informática.

Qué cuesta arreglarlo

Depende de por dónde falle, pero el orden de magnitud es este, de menos a más:

  • Cambiar de sitio el router y fijar canales a mano: una visita corta. A veces con esto se acaba el problema.
  • Sustituir el router de la operadora por uno decente y separar la red de invitados: media mañana.
  • Tirar uno o dos cables de red y poner puntos de acceso: una mañana, más el material.
  • Cablear una nave entera con varios puntos de acceso y su armario de comunicaciones: proyecto, con estudio de cobertura previo.

Lo importante es no empezar por el final. Antes de presupuestar nada hacemos la medición, porque en bastantes casos el problema se resuelve con lo primero de la lista y no hace falta gastar en lo último.

Resumen

Si tu wifi va mal y ya has probado a reiniciar el router unas cuantas veces, escríbenos: vamos, medimos y te decimos qué es antes de proponerte nada. Lo hacemos dentro del servicio de redes y wifi.

  • Prueba primero por cable: si por cable va bien, la operadora no tiene la culpa.
  • Los megas casi nunca son el problema; el reparto y la latencia sí.
  • Cada repetidor encadenado parte la velocidad por la mitad. Un punto de acceso por cable, no.
  • El sitio donde está el router importa más que la potencia que tenga.
  • En una nave la cobertura se consigue con varios puntos de acceso cableados, no con uno más potente.
  • El wifi de clientes nunca debe estar en la misma red que la caja.

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